Cultura

 La Historia como llave de la convivencia

La transculturación se ha definido recientemente (a pesar de ser un fenómeno tan antiguo como la propia Historia) como el proceso por el que una cultura va adoptando los rasgos de otra hasta perder los suyos propios. Las filosofías cercanas al darwinismo social creen que la natural es que la cultura fuerte absorba a la débil. Estos mismos términos, de cultura fuerte o débil, en los inicios del siglo XXI, se antojan arcaicos y reaccionarios. Sin embargo, es a través de un estudio severo del fenómeno histórico (al que no podemos dar la espalda ) de que la convivencia entre dos culturas siempre ha supuesto la extinción de una de ellas, como el ser humano puede entender el equilibrio necesario para que esto no vuelva a repetirse.

Etnocentrismo cercano a la xenofobia

El etnocentrismo es la postura, no necesariamente agresiva, por la que un individuo o un grupo entienden el mundo solo desde el punto de vista de su propia cultura, máxime si ligan de modo necesario esa cultura a un contexto racial y regional. Cuando la postura etnocentrista se pone a prueba en una convivencia prolongada entre distintas culturas (y a esto se le añade una situación laboral o socioeconómica conflictiva, como viene ocurriendo, sobre todo, desde la crisis económica actual y el problema del desempleo), es frecuente que surjan conatos o frentes organizados de xenofobia, que en muchas ocasiones toman forma de tribus urbanas, grupos ultras de aficionados deportivos o incluso partidos políticos de extrema derecha.

A lo largo de la Historia, en ausencia de una legislación vinculada con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los conflictos interculturales o interraciales han sido solucionados por el grupo dominante con un modo de gobierno represor e incluso segregacionista. Este modo de enfocar la cercanía de culturas y etnias nunca ha redundado en una situación pacífica duradera. Pocas revueltas de grupos oprimidos, de esclavos o de etnias segregadas han acabado de modo victorioso para los que se levantaban contra el poder, pero todas ellas han conllevado un enorme coste de vidas humanas. Se puede mencionar desde la revolución de esclavos en Haití, pasando por las revueltas de Chicago, la situación en Ruanda, hasta los últimos levantamientos en el Sahara Occidental.

 La via del acercamiento

Cuando la voluntad del legislador apunta hacia la convivencia pacífica entre las distintas culturas, esta inercia es muy diferente. Pero, para que esto suceda, es necesario que se de alguna de estas dos premisas: la presión internacional o la presión de una masa crítica de votantes que apoyen un cambio social tendente a la tolerancia.
En ese caso, la positivización de las premisas de tolerancia y convivencia no solo abre el acceso, en condiciones de igualdad, al grupo cultural minoritario (tanto en posibilidades laborales como en el ejercicio de derechos políticos y económicos), sino que condena la conducta contraria. Se penaliza la discriminación al mismo tiempo que se impulsa la pervivencia de los valores culturales de cada uno de los grupos. Si no es desde el poder legislativo, el ser humano tiende a seguir el curso más sencillo y coincidente con las ya mencionadas premisas del darwinismo social, en que el más fuerte hace desaparecer al más débil; premisa gracias a la que, históricamente, se han dejado de conocer cientos de idiomas, costumbres y caracteres culturales.

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