Cultura

Gabriela Mistral ante el Occidente

La misericordia y la maternidad

La Mistral se identificó con la compasión y la piedad propias de la India, precisamente para distinguirla de la violencia del Occidente cristiano.

Fuente: El Utopista Pragmático

En abril de 1889, con escasos días de diferencia, nacieron dos personas con proyectos contradictorios y excluyentes. El 7 de abril de 1889 nació Gabriela Mistral en Chile. El 20 de abril de 1889 nació Adolf Hitler en Europa. En 1945, cuando ambos cumplieron 56 años, sus biografías contrapuestas ya eran parte de la historia universal. El 30 de abril de 1945 Hitler se suicida en Berlín, y el 10 de diciembre de 1945 Gabriela Mistral recibe el Premio Nobel de Literatura por haber “cantado a la  misericordia y a la maternidad”. Dos vidas, dos destinos. La lógica sacrificial de Occidente -guerra y genocidio- expresada como “solución final” (Endlösung) mediante el exterminio de los judíos (Conferencia de Wannsee, 1942: consecuencia: muerte de 5,2 a 6 millones de judíos). Por otro lado, la lógica de la
misericordia -paz y respeto a los pueblos- expresada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Conferencia ONU, 1948).

Con estos acontecimientos decisivos de mediados del siglo XX, se bajó para siempre el telón del Occidente cristiano. Después del holocausto, ya nadie pudo hablar honestamente de cristianismo desde Occidente (cfr. Otmar John, El Occidente
cristiano: adiós a la visión de una época, en Concilium 240, 1992, 246-260). Adolf Hitler y Gabriela Mistral, aparentemente extemporáneos, pero contemporáneos tremendos, lo expresaron con el contraste de sus vidas antagónicas. Adolf Hitler reveló la realidad de un Occidente sin cristianismo y Gabriela Mistral la necesidad de un cristianismo sin Occidente. Hitler, desde el norte del mundo, mostró el camino de la impiedad, del desprecio por el ser humano, propio de un Occidente devastador.

Las “fuertes razas de la Europa nórdica” rechazaron finalmente al Dios cristiano, como clamaba Nietszche (El Anticristo. Maldición sobre el cristianismo, 1888). Gabriela Mistral, en las antípodas, desde el sur del mundo, mostró el camino de la piedad, del aprecio por el ser humano, buscándolo en el conjunto amplio de las tradiciones compasivas de la Humanidad. El representante oficial de Chile ante la Asamblea
General de las Naciones Unidas señaló en su homenaje a la muerte de Gabriela Mistral en 1957: “Gabriela Mistral hizo resonar por todo el mundo una voz de tonalidades pacifistas… Su palabra fue siempre una invitación al hombre para amarse,… Gabriela Mistral está en la línea de los grandes luchadores por una expansión y comprensión espiritual que elimine las barreras entre los hombres. Es de una categoría moral semejante a la de los más destacados universalistas, como Romain Rolland o un Hermann Hesse, en Europa, o un Ramakrishna o un Gandhi
en la India.” (R. Aldunate, Tributo a la memoria de Gabriela Mistral. 10 de enero de 1957. Documentos Oficiales de la Asamblea General de las Naciones Unidas, XI
Período de Sesiones, Sesión Plenaria 635).

Romain Rolland (1866-1944) y Hermann Hesse (1877-1962) habían comenzado a percibir el ocaso irremediable del Occidente cristiano, o simplemente humano,
desde la Primera Guerra Mundial. Buscaron, mas allá de Europa, la riqueza humana y compasiva del Asia, y sobre todo de la India. Rolland recibió este mensaje de Hermann Hesse en 1917: “Europa ha dejado de ser para mí un ideal… No creo en
Europa, sino en la Humanidad; sólo en el reinado del alma sobre la Tierra, en el cual todos los pueblos tienen su parte y especialmente los de Asia, a quienes debemos las encarnaciones más nobles.” (Berna, 5.8.1917: Hermann Hesse, Romain Rolland, Rabindranath Tagore, Correspondencia entre dos guerras, Barcelona 1985, 26. Rolland escribiría poco después en 1928 La vida de Ramakrishna. Ensayo acerca de la
mística y la acción de la India viviente). También en 1917 Gabriela Mistral dialogaba ya con el mundo y la poesía hindú de Rabindranath Tagore (Rabindranath Tagore, poeta y filósofo hindú, con tres comentarios líricos en verso y tres en prosa de Gabriela Mistral, Santiago1917). En 1931 el poeta bendijo personalmente a la Mistral en Nueva York, y ella guardó ese gesto “como la bendición de nuestros viejos en el campo” (G. Mistral, Un Tagore en Nueva York, 1931).

La Mistral se identificó con la compasión y la piedad propias de la India, precisamente para distinguirla de la violencia del Occidente cristiano. En 1947 le escribió a la esposa del historiador Jaime Eyzaguirre, apologista de dicho Occidente
y de dicha violencia: “Los hindúes me enseñaron con más fuerza que nuestro pobre catolicismo criollo español que la sangre daña, en gotas, un suelo cualquiera, por leguas. Pero su España, querida y venerada mía, se puso hace siglos a matar y
morir.” (14.11.1947, en L. Vargas, Cartas de Gabriela Mistral en Mapocho 23, 1970, 29). Por entonces – y en su propio país- los falangistas católicos creían sin discusión en
la violencia (Osvaldo Lira, La nación totalitaria, en Estudios, 1938; Gonzalo Vial, Falange española, en Revista Escolar de los SSCC, 1947). Con curiosidad se referiría a ellos la gran poetisa chilena: “Búsquese Ud. un joven franquista de esos que son tan allegados y festejados por ciertos católicos santiaguinos, y hallará pobres diablos envalentonados con su uniforme,…” (cfr. Eduardo Frei, Memorias, Santiago 1989, 63-64. Sobre la crítica asiática al cristianismo de Occidente,  Thomas Ohm, Crítica de Asia sobre el cristianismo del Occidente, Buenos Aires 1950).

El cristianismo institucionalizado de Occidente, con sus iglesias Gabriela Mistraly nacionalismos, fue muchas veces para Gabriela Mistral, algo monstruoso. Al ver en una lápida de bronce la declaración de la Independencia de los Estados Unidos en la catedral de San Juan el Divino en Nueva York exclamó en 1938: “¡El olvido redondo del Evangelio! Jesucristo dice con un desdén absolutamente divino lo del ‘Dad al César lo que es del César’. El no tiene ningún puente, ni aun de cuerda, entre el Estado y su misión.” (G. Mistral, ¡Cómo edifican!, 1938). Para ella el  Cristianismo, como señaló en 1935, “cuando se desorientaliza queda sin mística alguna, en puro hueso árido y en unas cales moralistas, de orden policial.” (Ibid., 47). Gabriela Mistral escogió -como Romain Rolland, Hermann Hesse, y por   supuesto Rabindranath Tagore- el camino espiritual y de paz del Oriente, que era el mismo de Jesús. Desde esa opción, que le significó reconocer la dignidad de los judíos tras el holocausto nazi, logró imponerse hasta el fin de su vida como una defensora explícita y universal de los derechos humanos (Gabriela Mistral, Un llamamiento a la conciencia mundial. La Convención sobre el Genocidio, en Revista de las Naciones Unidas, New York, 10, 251, 1956).

La autora de Ternura buscó una espiritualidad diferente -mucho más compasiva y afectuosa- que la impuesta por los colonizadores y misioneros arrogantes de Occidente: “Yo voy volviéndome algo parecido a los japoneses. Su culto de los
idos es maravilloso. Es crearse una vida con ellos;… sin nada de espantoso, de tremendo… Es bastante difícil para un católico de tipo español. Nos han envenenado la imagen de los idos; han hecho de eso el espanto puro. Es preciso luchar contra 2.000 años de superstición y de veneno mentales… ¡Nunca nos enseñaron a rezar, querida mía!” (Carta de 1947, en Isolina Barraza de Estay, Epistolario de Gabriela Mistral a Isolina Barraza, La Serena 1995, 41). La Mistral expresó, en todo sentido, más allá de un Occidente sin cristianismo, “la
misericordia y la maternidad”. No tan sólo en un nivel poético, sino que ante todo ético. En Gabriela Mistral, lo poético fue expresión de lo ético. Allí radicó toda la fuerza y la alegría del reconocimiento al Nobel de Literatura en 1945: “Rindiendo
un homenaje a la riqueza literaria iberoamericana, nos dirigimos especialmente hoy día a quien ha cantado a la misericordia y a la maternidad.” (Hjalmar Guilberg, Discurso del Premio Nobel de la Academia Sueca, Les Prix Nobel 1945, Estocolmo
1947).

M.salina

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