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El trabajo en el mundo

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El desempleo ya no es un fracaso sino una forma exitosa de gestión empresarial, que entra en una lógica puramente empresarial -empresocéntrico- donde el sistema busca sus propios fines y el hombre no tiene cabida.

Jean Marie Antoine Caritat, marqués de Condorcet, filósofo, político y matemático francés, miembro de la Academia de Ciencias de París y colaborador en la enciclopedia, editó las obras completas de Voltaire y publicó trabajos sobre economía política, siguiendo las ideas de Turgot.

Acusado de pertenecer al partido girondino en 1793,  fue detenido por los jacobinos y puesto en prisión durante un año.  En prisión escribió su legado más importante  titulado: “Bosquejo de un Cuadro Histórico de los Progresos del Espíritu Humano”. Esto que parece un contradicción, representa el optimismo sin renuncios del iluminismo de fines del siglo XVIII.

Cuando los adalides del progreso del espíritu humano de ese tiempo, es decir los jacobinos, vinieron por su noble y sabia cabeza, el pobre de Condorcet prefirió envenenarse antes que ser desmembrado por el frío filo  con que la historia desmaleza a sus constructores más señeros.

Con todo, Condorcet lanzaba la profecía  de que  cada hombre cuanto menos ocupado esté,  lo estará de una forma más productiva y podrá  satisfacer  mejor sus deseos. Es decir, un optimismo  enternecedor, para ser escrito en prisión y con condena de guillotina.

En verdad,  la duración en tiempo y en carga del trabajo ha ido disminuyendo,  desde las 5 mil horas a mediados del siglo XIX, a las 3 mil 200 horas iniciándose el siglo XX; mil 900 horas hacia 1970 y menos de mil 900 horas actualmente.

Es decir ,  el tiempo que el hombre pasa trabajando en un día a disminuido en realidad desde un 70 % -ace un siglo y medio-  un total de  14 % del tiempo que permanece despierto. E  hablando de un trabajador  con jornada completa.

El trabajo de hoy es también menos penoso,  en términos que es menos físico y más intelectual,  es menos riesgoso  y sería en promedio más reconocido como trabajo propiamente humano,  alejándose cada vez más de la competencia con el trabajo de la bestia y complementando y  no reemplazando  al de la máquina.   Sería, además un trabajo menos rutinario y que incorpora la responsabilidad.

Esto  nos habla  que la visión de Condorcet estaría realizándose,  sería éste el camino de la liberación prometida.

El trabajo inteligente,  responsable  y superior, estaría entregando al hombre moderno una calidad de vida muy superior   a la que vivió el hombre promedio del mundo en la etapa de la revolución industrial.   Las cifras de salud, de mortalidad infantil y de esperanza de vida al nacer  hablan de una explosiva transformación de la condición humana  a nivel planetario.

De hecho,  el hijo de un obrero tenía un promedio de esperanza de vida de 27 años en la Inglaterra de 1890;  en 1946 bordeaba los 60 años para los hombres y 65 para las mujeres,  y; en 1998 es de 75 años para los hombres y  83 para las mujeres.   En el curso del siglo XX, la expectativa de vida de las personas ha aumentado en 30 años.

La mortalidad infantil en Francia retrocedía  de 52  por  mil en 1950,   al 5 por mil en 1996;   en los países  menos desarrollados la esperanza de vida se elevaba de 35 a 61 años  entre 1913 y 1995.

En 1998, según el PNUD , el consumo de bienes y servicios en el mundo se habría doblado respecto a 1975 y sextuplicado con relación a 1950.   En términos globales, la penuria alimentaria ha sido sustituida por la sobreabundancia, con dos mil 900 calorías al día frente a dos mil 300 de hace 30 años.

La producción mundial de alimentos constituye como media el  11 % de las necesidades fundamentales,  y  se prevé que el excedente de cereales en el mundo crezca de los 130 millones de toneladas al 2001 a 190 millones de toneladas en el 2010.   En consecuencia, el problema del hambre en el mundo estaría técnicamente resuelto.

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René Passet, ( profesor emérito de la universidad de París, economista especialista en temas de desarrollo) reseña :
“Si  Luis XIV  hubiera anunciado a los campesinos, dispuestos a sublevarse que, por un prodigio milagroso, el tiempo de trabajo iba a reducirse de 100 a uno para la misma producción,  el entusiasmo habría cundido.   Cuatro días de trabajo hubieran sido suficientes para realizar el trabajo que desde hacía mucho tiempo exigía  todo un año;   se habría previsto la organización de bailes y fiestas para casi todos los santos del calendario.   El prodigio ha sucedido, el milagro se ha producido, la duración del trabajo necesario se ha dividido por 100,   pero…. ya no hay fiestas en los pueblos; incluso ya no se organizan fiestas.”

Pero en la lógica  moderna, que busca maximizar la productividad y la acumulación de excedente económico,  las necesidades humanas están siendo desatendidas  para privilegiar las puras exigencias de la maquinaria productiva en un stress sin límites, en un horizonte infinito.

En definitiva,  el sistema pone al hombre en la disyuntiva entre el salario o el empleo,  pero salario y empleo juntos, no.  O sacrifica usted el volumen de empleo (aumentando el número de parados), o  sacrifica la masa del salario, reduciendo el ingreso de cada uno de los trabajadores para mantener los puestos.

La primera opción la ha asumido la Europa continental, mientras la segunda la han adoptado los países anglosajones  (EE.UU. e Inglaterra).

Salario,  protección social  y  paro, o bien,  por el otro, reducción de salarios, empleo precario, trabajillos, pero pleno empleo.   Dos maneras distintas de empobrecerse,  ya sea por despido,  ya sea por el trabajo precario y subpagado.    Esa es la alternativa del sistema.  Esa es la amabilidad con que se  plantean  las elecciones de hoy.

De hecho,  entre 1973 y 1997,  el empleo avanzó un 5 % en la Europa continental ( que privilegió la estabilidad del  salario),  mientras que avanzó un 50% en los países anglosajones (que flexibilizó el trabajo y el salario).

En el caso de inglaterra, sin ambargo, ese crecimiento no hizo más que compensar  sólo  en  parte la tremenda caída que tuvo en los años 80.   Además, el paro del 4. 3 % en EE.UU. y de 6. 1 en Inglaterra, oculta una realidad que denunciaba Lawrence Mishel, director del Economic Policy Institute de Washington, en el sentido que el nivel de salario promedio de esos países permanece 4 % por debajo (en 1999)  de lo que se tenía en 1990.    Y el de una familia promedio apenas superaba el salario obtenido en 1989 y aumentando  su tiempo de trabajo incluso en cuatro semanas al año.

Cuando el Presidente Clinton  se ufanaba en  su campaña de 1966,  de haber creado 10 millones de empleo, sus opositores acotaban de manera sarcástica que, en verdad, es así y ….yo  tengo tres de esos 10 millones.  Con ello querían señalar  que debían tomar tres empleos de los creados para obtener un ingreso realmente aceptable.   También le decían que Manpower –  agencia que coloca empleos de reemplazo temporal y sin seguridad social-  se había convertido en el principal empleador de EE.UU. con 7 millones 500 mil colocaciones a su haber.

Según el Wall Street Journal del 5 de agosto de 1996,  7.900.000 norteamericanos compensaban la reducción de sus rentas ocupando varios empleos  y, en el  Reino Unido, 1.300.000 personas ocupaban dos trabajos.

Al Reino Unido también se le señala como el país que cambió 36 veces el método de medir el desempleo o paro,   todo con la intención de aparentar un menor número de desempleados.   Si las cifras del Reino Unido y de otros países bajos de Europa  se  normalizasen  a  una metodología estandar, las cifras de desempleo subirían a niveles  superiores al 15 %,   siendo  la media del desempleo en Europa del 11,5 %, para 1996.

Sobre los  estados unidos de norteamerica  se dicen cosas  tremendas, como que  Jeremy Rifkin,  en un libro titulado “el fin del trabajo”,  acusa que el 2 % de los hombres en edad de trabajar están en prisión…    que la población carcelaria en 10 años ha pasado de 750.000  a  1.700.000 personas,  eso significa proporcionalmente  7  veces la que existe en Francia u otros países de Europa.

El mismo autor señala que  un incremento del 1 % en la tasa de paro en Estados Unidos,ç  potenciaría los asesinatos en un 6 % , los crímenes con violencia en un 3.4 %  y los robos con infracción  en un 2.4 %.  Ello explica en parte, añade el autor, el reducido paro  en  EE.UU,  pues los parados se encuentran en las prisiones.    Por su parte, el premio Nóbel de economía Robert Solow  denuncia por esa misma época que: la prisión es el subsidio al desempleo americano.

La Unión Europea ha entrado desde mediados  de los 90,  en una política  de creación de empleos.   De hecho,  se ha propuesto un crecimiento del 1 % del empleo anual ,   lo que implicaría la creación de más de un millón de puestos de trabajo.   Pero lo que se ha comprobado hasta ahora es que se trata –al igual que estados unidos-  de empleos temporales.

Según Andrés Gorz,  el 90 % de los empleos creados en 1994 por las 500 mayores empresas americanas,  eran empleos a tiempo parcial,  poco calificados y escasamente remunerados  y, lo mismo estaría ocurriendo con el 70 % de los empleos creados en Europa.

En consecuencia,  precarización y flexibilización son las políticas  reguladoras que se ofrecen por los líderes del sistema de poder mundial.

Por doquier,  el sacrificio de los hombres  se ha convertido en la medida  empleada para asegurar el buen funcionamiento de la maquinaria económica.

La actitud frente a los despidos masivos,  ha ido igualmente cambiando en el mundo de las empresas. Inicialmente, el tener que  expulsar  personal  se tomaba  como un fracaso, como una incapacidad de proteger y mantener una tasa de ocupación productiva.  A poco andar,  esa actitud de los empresarios cambia a un frío cálculo de buena y prometedora “gestión empresarial”.   El mercado vino luego a premiar a aquellas empresas que imponían políticas de “downzising” (adelgazamiento, de reducir la talla-como podríamos traducir el término),  o de reingeniería, como también se denomina al proceso de reducir la planta de empleos.
Las más de las veces,  el aumento de los despidos se  da junto al anuncio de un exitoso año económico, con resultados muy altos en ganancias,   así – a modo de ejemplo- citamos el caso de la transnacional “ michelin”,   que el 8 de septiembre de 1999  anunciaba al mismo tiempo  un alza del 17.3 % de los beneficios netos semestrales, con relación al semestre anterior,   y junto a ello una eliminación de 7.500 puestos de trabajo.    Al día siguiente, la bolsa acoge la hazaña con un alza del 12 % del valor de sus acciones.   El paro se convierte entonces desde un  pesaroso fracaso  a una forma exitosa de gestión empresarial,  entra en una lógica puramente empresarial-  (que hemos denominado en otros programas como empresocéntrico),-  donde el sistema busca sus propios fines y el hombre, el ser humano no tiene cabida.

La ceguera y soberbia del sistema empresocéntrico,  es tan enorme que el premio nóbel señor Gary Becker   ha llegado a sostener que todo puede reducirse a una pura racionalidad económica,  desde el medio ambiente hasta el ser humano y su precaria impotencia para sostenerse.   Más adelante remata Didier Pineau-Valencienne  diciendo que “nosotros tenemos demasiadas ventajas, ustedes deben hacer los sacrificios”.

¿En qué consisten esas ventajas?.   En que los capitanes de empresas se resisten a otorgar incrementos  salariales del 1,5 %  a sus trabajadores,   mientras que él  subía su sueldo en un 49.5 %.   este mismo vicepresidente de la organización empresarial de francia se dignaba advertir que: “si no se modifican los pilares sociales de este país, no llegaremos a reactivar la maquinaria”.

Este mismo discurso lo escuchamos por parte de los ingeniosos empresarios  de américa latina,  con esta misma lógica disminuyen el salario e incrementan los despidos,    en esta misma lógica aumentan enormemente sus ingresos cada vez que empobrecen  al resto de la sociedad.   luego se sorprenden cuando tratan de reactivar estas economías  y no hay respuesta de parte de los consumidores.

Como relata una anécdota  de una señora que vio a un ciego pidiendo en una céntrica calle  donde todo el mundo pasaba de prisa y nadie  se detenía a dar su aporte;  se acerca,  le da unas monedas y trata de consolar al pobre hombre y  se sorprende cuando éste le comenta:  no se preocupe, no es que sean malos, lo que pasa es que no ven”.

Algo similar sucede con la clase empresarial,  van tan de prisa en sus intentos de ganar la carrera  por el éxito económico,  que no atinan a mirar lo que acontece en el esquema global de la economía y,  desgraciadamente, toda función económica es sistémica,  requiere de retroalimentación desde la demanda y no sólo una función exitosa y escindida  sólo desde la oferta.   Si no atiende a esta lógica terminará indefectiblemente pisándose la cola y, como decía el ciego de la historia,  no por que sean malos,  es  simplemente  por una dramática  ceguera.

V.Isla

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